El balance de la Conferencia de las Partes  (COP 15) en Copenague fue un avance sobre las negociaciones a nivel mundial, pero sólo con algunos signatarios. Como lo mencionamos en algunos foros (El Semanario), la reunión abordaría la tensión que vimos desde la COP 1, es decir, las responsabilidades comunes pero diferenciadas, pero esta vez llevadas al plano de compromisos concretos, donde los países más industrializados quieren metas de reducción de parte de las economías emergentes más intensivas en carbono, es decir, Brazil, China, India y Sudáfrica.

Estos, y otros países, fueron los artífices del Acuerdo de Copenague, un acuerdo no vinculante, que refleja el consenso de las mayores economías del mundo para lograr una visión de largo plazo en respuesta al cambio climático, que permita construir un marco de colaboración post-Kioto. Los principales elementos de dicho Acuerdo, si bien con posibilidades de modificaciones, son los siguientes:
  • Los países industrializados se comprometen a establecer objetivos de reducción para el 2020, antes del 31 de enero de 2010. Estos objetivos deben ser medibles, documentables y verificables (MRV) con el fin de lograr una contabilidad rigurosa, robusta y transparente.
  • De igual manera, los países en desarrollo que busquen el apoyo para el desarrollo de acciones apropiadas de mitigación nacional (NAMAs), someterán sus objetivos de reducción para la misma fecha, y para la integración con el registro de compromismos. Los países insulares (SIDS) y menos desarrollados (LDCs), podrán emprender acciones voluntarias. Las acciones emprendidas serán sujetas a los procesos de medición, documentación y verificación que adopten la Conferencia de las Partes.
  • Se crea un mecanismo para facilitar la movilización de recursos financieros de países en desarrollo para reducir las emisiones asociadas a la deforestación.
  • Se establece el compromiso por parte de los países industrializados de proveer USD 30 mil millones para el periodo 2010 - 2012 para trabajar tanto en adaptación como mitigación. Este compromiso se incrementa a USD 100 mil millones para el 2020, en la forma de aportaciones tanto del sector público como privado.
En este contexto, debemos recordar que los compromisos adicionales al Protocolo de Kyoto, y para lo que existe un grupo de trabajo específico (AWG-KP) no son vinculantes, y que todavía hay países que no han hecho compromisos formales, como Estados Unidos, o China, que lo ha hecho expresado en términos de intensidad de carbono, es decir, toneladas de carbono por unidad de producto interno bruto.

Quizá el elemento más importante de esta reunión ha sido el desarrollo de un registro de acciones voluntarias (NAMAs) que los países están dispuestos a asumir como compromisos de reducción. Estas acciones pueden ser políticas, programas o proyectos, en principio a nivel nacional. De alguna forma, este esquema es la forma en la que los países buscan ampliar el mecanismo de desarrollo limpio. Si bien, todavía está en proceso de definición la forma en que podrían desarrollarse este tipo de intervenciones, ya existen algunos avances de políticas nacionales que podrian ser consideradas dentro de los compromisos de reducción.

Finalmente, existen tres tipos de NAMAs. (a) NAMAs Unilaterales, en las que los países se comprometen de manera voluntaria, sin apoyo externo. (b) NAMAs Apoyadas, donde los países buscan apoyos técnicos y financieros, de alguna forma dentro de los canales tradicionales de cooperación. (c) NAMAs acreditadas, que son las acciones que los países en desarrollo buscarían fueran financiadas a través de los mercados de carbono. Como es de imaginarse, los países industrializados buscan apoyar NAMAs, mientras que los países en desarrollo buscan colocar NAMAs en los mercados de carbono.

En conclusión, esta tensión una vez más dificulta el progreso de las negociaciones, pues finalmente se está hablando de restricciones sobre la senda de desarrollo que puedan seguir distintos países. Al mismo tiempo, sin acuerdos vinculantes, el mercado de carbono puede quedarse limitado conforme se acerca el primer periodo de cumplimiento. La única forma que vemos de asegurar estabilidad en ese mercado es al aumentar el número y sectores participantes, de tal manera que aumente la demanda por certificados de reducción de emisiones (al aumentar los compromisos de los países industrializados), y por otra parte aumentar la oferta (al ampliar el MDL hacia un ámbito sectorial, como podrian ser las NAMAs).

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