Hemos oido desde la cumbre de Johanesburgo en 2002 del potencial de las alianzas público - privadas para resolver problemas asociados al deterioro ambiental. Sin embargo, en la realidad hemos visto que la mayoría de ellas se han materializado en países industrializados, mientras que los países en desarrollo enfrentan barreras que han sido más difíciles de sortear. Estas barreras son las mismas que se enfrentan no sólo en temas ambientales, sino cualquier negocio con una importante contribución de inversión extranjera, es decir, la mitigación del riesgo.Vamos a mirar las cifras. La Agencia Internacional de Energía estima que para atacar de lleno el problema del cambio climático se requieren más de USD 500 mil millones anuales unicamente para países en desarrollo adicionales a los requerimientos de inversión en el escenario business as usual, y que de este número cerca del 90% tendrá que venir de parte del sector privado. El Banco Mundial estima lo propio, con una cifra cercana a USD 475 mil millones, repartidos en 400 necesarios para mitigación y 75 para adaptación. Eso por el lado de la demanda de fondos. Por el lado de la oferta vemos una realidad patética, con una inversión pública de menos de USD 9 mil millones por los gobiernos nacionales de países en desarrollo. Incluso el World Economic Forum (WEF) estima que aunque se obtuvieran todos los fondos posibles de los mecanismos existentes estaríamos hablando de 110 mil millones, es decir, nos hacen falta USD 350 mil millones anuales para atacar el cambio climático.

Fuente: HSBC INVESTABLE CLIMATE CHANGE INDEX
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) recientemente publicó Catalysing Low Carbon Growth in Developing Economies como una serie de lecciones aprendidas para desarrollar mecanismos financieros púlbicos para catalizar las inversiones privadas. Además de hacer un recuento de los costos asociados al cambio climático, abunda en las formas que se pueden implementar medidas que ya se han ido identificando en países en desarrollo, particularmente alrededor de la mitigación. Destaca la importancia que significa la mitigación del riesgo financiero en las inversiones en países en desarrollo. El PNUMA agrupa los riesgos en cinco categorías, así como las formas en las que propone los países en desarrollo conviertan éstos en oportunidades de inversión:
- Riesgo país. Los seguros y garantías que disminuyan el riesgo país se identifica como la principal barrera a la inversión. Esto incluye el incumplimiento de contratos y la dificultad de hacerlos válidos, expropiaciones y inestabilidad política y social.
- Riesgo de política para reducir emisiones. Con tantos países desarrollando sus marcos legales de mitigación y adaptación al cambio climático se teme que una inversión temprana se convierta en una inversión limitada por el desarrollo de nuevos elementos de política pública. En algunos países hemos visto que se escriben leyes de promoción de renovables, pero que los mecanismos de apoyo, como primas o prestaciones adicionales no terminan de definirse. Esta ambigüedad sólo la puede resolver la administración y frena las inversiones. En este sentido es mejor una política clara, que estar cambiando las reglas del juego frecuentemente.
- Riesgo cambiario. Los fondos públicos pueden ser una herramienta para cubrir el riesgo cambiario, donde los mercados de moneda extranjera no llegan. Estos fondos se han visto en muchos proyectos de infraestructura, por lo que la experiencia existe y se tiene que ampliar a los mercados de tecnologías limpias y de carbono.
- Mejora del flujo de proyectos. Las actuaciones alrededor de los negocios de cambio climático tienen características especiales que requieren de vehículos financieros distintos. En algunos países estos vehículos han sido apoyados por el gobierno, destinándose recursos a distintos sectores, facilitando el flujo constante de nuevos proyectos. Obtener financiamiento tanto concesional como no concesional con una limitada cantidad de proyecto encarece las transacciones y el costo del crédito. Por el contrario, cuando existe un volumen constante de actividad es más fácil encontrar financiación con entidades que ven en el cambio climático un negocio, dedicando capacidades técnicas para ello, con rentabilidades mayores en tanto mayor sea el pipeline de proyectos de un país.
- Fondos públicos para acciones clave. El gobierno puede ser el principal agente de garantías para las inversiones bajas en carbono y absorber los riesgos iniciales. Las empresas de reaseguros lo han hecho por años, junto con gobiernos, otra vez para proyectos de infraestructura. Es común que los gobiernos insistan en no tener recursos para el desarrollo de proyectos. En Bajo en Carbono pensamos que más bien los recursos tendrían que reorientarse a que el sector privado desarrollara estos proyectos, y la administración asumir roles de promoción y garante. Asumir la posición que presenta mayor valor para las administraciones es clave, y estimamos que existen muchas oportunidades para pensar estrategicamente las posiciones adoptadas en relación al cambio climático y la promoción de alternativas de inversión.
Bajo en Carbono en el Congreso Internacional de Ciudades Sustentables


